4 de noviembre de 2009, 03:27 AM
Iker Seisdedos
Diario El PaÃs
Es la mañana de la entrega de los Premios PrÃncipe de Asturias y el salón de los desayunos del Hotel de la Reconquista, en Oviedo, lugar de hospedaje de los galardonados y de los miembros del jurado. En la mesa de al lado, David Attenborough (premio de Ciencias Sociales) disecciona con destreza de naturalista una pieza de fruta en presencia de su esposa; Eberhard Diegpen, ex alcalde de BerlÃn (Concordia) toma café solo; y Arantxa Sánchez Vicario (Deportes, en 1998) empuja un carrito de bebé en pos del único sitio libre. Mientras tanto, nuestro hombre, Raymond Tomlinson, de 68 años, premio de Investigación CientÃfica y Tecnológica gracias a la invención del correo electrónico -un tipo grandote, poseedor de ese fÃsico tan estadounidense-, elige con timidez la composición de su menú.
El resultado de su selección (panceta, salmón, chorizo y huevos revueltos) revela un desayuno opÃparo. "Es que va a ser un dÃa largo", se excusa con una media sonrisa. Tomlinson comparte el galardón con el inventor del teléfono móvil, Martin Cooper , un señor de irresistible encanto al que conoció a su llegada a Oviedo.
"Marty es un gran tipo. Aunque ya le he dicho que yo no tengo móvil. Me considero un tanto ludita (movimiento obrero de principios del XIX que se oponÃa a la tecnologÃa porque competÃa con los trabajadores)". ¿Sorprendente? Acaso lo sea más que Tomlinson no pueda responder a la pregunta de qué hizo el dÃa de su particular eureka, cuando decidió, durante el desarrollo de un proyecto embrionario de la creación del primer e-mail , que la @, ese signo tipográfico dejado de la mano de Dios que indica una medida de peso (la cuarta parte de un quintal), podrÃa servir para organizar la correspondencia en la era cibernética.
"Me han preguntado más de una vez la fecha exacta. Todo lo que puedo decir es que fue entre junio de 1971 y enero de 1972. Supongo que no calibré la importancia de mi ocurrencia".
Ya está claro que Tomlinson no es el tÃpico emprendedor de una empresa puntocom. Vive en Massachussets, y no en el soleado Silicon Valley, es evidente que la arroba no le hizo rico y lleva más de 30 años en la misma empresa, BBN .
En todo lo demás, a Tomlinson le embargan las mismas preocupaciones que al resto de los mortales usuarios de correo electrónico. "Recibo unos 150 correos electrónicos al dÃa, que son demasiados. Me acosa el spam y me preocupa la seguridad. Si tengo que mandar algo importante, usarÃa el correo ordinario. ¡Y eso que no he enviado una carta desde hace 35 años! También me incomoda la mala educación en los correos. Es demasiado fácil malinterpretar el tono de un e-mail".
Cuando la asistente que la fundación le tiene asignada aparece para buscarlo, Tomlinson repara de pronto en que los huevos y el beicon siguen intactos. Interrumpe la conversación y engulle de dos bocados una buena cantidad (ya saben, "el dÃa será duro").
Antes de despedirse explica otro proyecto, más propio del naturalista vecino de la mesa de al lado. "Nos quedaremos unos dÃas en Asturias. Mi hobby es la crÃa de ovejas. Y estoy viendo cómo cruzar especÃmenes europeos con americanos". No, no es el tÃpico emprendedor de puntocom.
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