El Nuevo Día

Viaje a ver el sol y más

6 de julio de 2008, 09:20 AM

Crónica del día en que la luz se apoderó de la media noche en Kittila.

Me miro al espejo. Completé quince horas de viaje y se nota... En las ojeras, el dolor de espalda y ese mareíto particular que provoca cambiar el reloj biológico en el tiempo y el espacio. Son siete horas de diferencia entre Helsinki, capital de Finlandia, y San Juan. Me muero del sueño. Pero, nada de siesta por el momento. Son apenas las 8:00 a.m. en este lado del mundo.

Sin embargo, fue en esta ocasión que pude apreciar estas y otras cualidades del país a otro nivel y con la comodidad de un clima mucho más cálido. Es verano y aunque la temperatura nada recuerda el calor caribeño puedo caminar a gusto sin que se me petrifique la nariz.

Para los finlandeses, el verano es un tiempo esperado y celebrado. Y no es para menos. En las regiones del sur la nieve lo cubre todo durante al menos 3 ó 4 meses, provocando temperaturas de hasta -15°C (-5°F) en los primeros meses del año. En el norte, el invierno se extiende por siete de los doce meses del año y el frío es rompe huesos, por debajo de los -30°C, (o -22°F).

Precisamente, el motivo principal de mi viaje fue asistir a la celebración más anticipada del verano, observar el Sol de Medianoche en Kittila, ciudad que ubica en la parte del territorio finlandés que ocupa parte del Círculo Polar Ártico.

Se trata de un espectáculo natural en torno al cual se festeja la época del año en la que los finlandeses disfrutan del Sol prácticamente todo el día. Esto por un término de casi tres meses.

Según me explicaron, durante este tiempo los cultivos crecen aceleradamente, bajo un frío extremo. Gracias a este regalo del clima allí no se utilizan pesticidas para combatir las plagas, la naturaleza se encarga de eliminarlas. Así es que todo lo que se consume termina siendo puramente orgánico.

Previo a este singular evento, tan pronto llegué al Hotel Klaus K, en Helsinki, me tomé un "espresso" doble, decidida a vencer el sueño para recorrer la ciudad.

Junto a mis anfitriones - vodka Finlandia- caminé hacia uno de los pintorescos mercados de frutas, comida típica y mercancía que allí abundan. Es un espectáculo de colores y sabores que vale la pena experimentar detenidamente.

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