La Nacion

Un campeón inolvidable

7 de julio de 2008, 02:00 AM

LONDRES.- En la historia del deporte, ya no sólo del tenis, debe de haber pocos espectáculos que, habiendo terminado en penumbras, hayan sido tan luminosos, tan radiantes. Eran más de las 21 y había dos gladiadores que seguían luchando con tanta energía como cuando todo había empezado, a las 14.35. Ya era difícil visualizar la pelotita, pero ellos la seguían impactando con la fiereza y ambición del que juega por algo mucho más importante que una victoria. La disputa era por la gloria, por conseguir un lugar memorable en la historia. A las 21.16, cuando parecía que sólo la inevitable noche podía interponerse en una final titánica, el drive de Roger Federer se quedó en la red y también detuvo el tiempo del tenis para inaugurar otra era. Rafael Nadal cayó de espalda, envuelto en ese instante mágico e inigualable que embarga al gran campeón. El resultado era una prueba de la prolongadísima batalla: 6-4, 6-4, 6-7 (5-7), 6-7 (8-10) y 9-7, en 4 horas y 48 minutos, tiempo récord para una final de Wimbledon.

El cierre en el All England fue apoteósico, digno con su historia centenaria y prestigiosa. Tuvo una definición que quedará marcada a fuego por el gran clásico de esta época, que ayer tuvo un giro importante en su desarrollo. Cayó el quíntuple campeón, el notable Federer, que no pudo superar el récord de cinco coronas consecutivas en el All England que comparte con Björn Borg, el sueco glacial que en 1981 vio cerrado su camino al sexto torneo en serie por McEnroe, un zurdo talentoso e irreverente. Veintisiete años después, otro zurdo, Nadal, genial por su espíritu competitivo y fortaleza tenística, rompió el reinado del suizo en el Grand Slam más antiguo. La final tuvo de todo, incluidas dos interrupciones por la lluvia que le dieron más incertidumbre y dramatismo al desarrollo. Fueron cinco sets de tenis de altísimo voltaje, entre dos jugadores que se conocen muchísimo y que pelearon por cada punto como si fuera un tesoro.

Se cumplió la presunción que indicaba que éste era el momento para que Nadal diera el gran golpe sobre el césped. Por su evolución en esta superficie, porque su temporada es mucho mejor que la de Federer y porque a éste, definitivamente, le está pesando mentalmente la superioridad que le sacó el español en el historial. Ya lo duplicó en la cantidad de victorias (12 contra 6) y lo venció en los últimos cuatro cotejos. A las tres que había conseguido hace poco en la gira sobre polvo de ladrillo, con la paliza en Roland Garros que hirió el orgullo del suizo, le añadió la de Wimbledon, que tiene un valor extra porque lo hizo en el territorio que dominaba Federer.

El campeón saliente no se entregó dócilmente. Levantó dos sets en contra y dos match points (uno con el saque de Nadal) en el tie break del cuarto set. Se repuso de un comienzo bastante nervioso, pues se dejó llevar por el apuro y la ansiedad. Cometía muchos errores no forzados. Nadal le quebró el servicio en el tercer game, hendija suficiente para encaminarse a la obtención del capítulo por 6-4.

La clave del encuentro estuvo en el saque y en el aprovechamiento que hizo cada uno de las posibilidades para quebrar el del rival. Ahí hizo la diferencia Nadal. El español sólo cedió una vez su saque: fue en el segundo game del segundo set.

Al frente en el resultado por 4 a 1 en el segundo set, Federer dilapidó esa ventaja con golpes que se le iban por lo ancho o lo largo de la cancha. Nadal encadenó cinco games consecutivos y con otro 6-4 daba la impresión de que tenía en el bolsillo un porcentaje considerable de la victoria.

La fresca tarde se fue oscureciendo y los pronósticos se cumplieron: cuando Federer iba 5-4 arriba en el tercer set, se largó un chaparrón que obligó a una interrupción de 1 hora y 21 minutos. Esto era lo que menos le convenía a Nadal, que necesita continuidad y ritmo para imponerse. Tras la reanudación, se llegó al tie-break, en el que Federer desniveló con ese mortero que tiene por saque: hizo cuatro aces (el total del partido fueron 25) y un saque ganador para adueñarse del tie break. Nadal aguantaba, aunque el partido ya no lo tenía tan favorable. Federer levantaba su nivel, alentado por un público que empezó con las preferencias divididas y terminó volcándose con él. Con ese apoyo y su fibra de campeón, resistió dos match points en contra en el tie break del cuarto set: el segundo lo hizo con un formidable passing de revés ante un rival que había ido a presionarlo a la red como casi nunca lo había hecho antes.

Se llegó al quinto y tenso set, con otra suspensión de media hora cuando Federer ganaba 3 a 2. El partido empezaba a tener un tono dramático por la luz natural que se iba, los nervios que recorrían las tribunas y la encomiable entrega de los dos. Como cada uno mantenía su saque, por poco la final no se paró para que continuara hoy. Pero Nadal le quebró el servicio en el 15° game, luego de disponer de cuatro ventajas. Con su saque, presionó a Federer con dos subidas a la red. Después, el drive del suizo se quedó en la red. Wimbledon cambiaba de manos y el inolvidable triunfo de Nadal proyectó un resplandor en medio de la oscuridad.

  • El n° 1, más allá del ranking
    La tapa de Marca, el diario deportivo de Madrid, es elocuente: "Rafa, eres el N° 1"; todos los medios festejaron el éxito del mallorquín a lo grande.

  • La prensa, rendida a sus pies
    No sólo Marca se entusiasmó con Nadal: As y Mundo Deportivo coincidieron: "¡Campeón!". Y hubo otros títulos: "Heroico" y "Rafa Nadal, el nuevo Rey". En Inglaterra, Francia y en Italia se rindieron a sus pies.

Por Claudio Mauri
Enviado especial

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