8 de mayo de 2008, 02:00 AM
Boca elige momentos asà para reÃrse de sus cuestionadores, para sacar una casta que en estos tiempos nadie le iguala en el continente. Algunas veces lucirá y otras se apoyará sobre recursos más espartanos, pero detrás siempre hay una convicción granÃtica para sortear obstáculos cuando el compromiso es alto. Todas las inseguridades que circularon en su derredor desde aquel triunfo en la Bombonera sobre Cruzeiro quedaron sepultadas bajo otro triunfo en tierras brasileñas: ahora por 2-1, la clasificación para los cuartos de final en la Copa Santander Libertadores. Boca, con los brazos levantados en Brasil. Una postal que por repetida no deja de ser feliz; un mensaje intimidatorio para la competencia, empezando por Atlas, el próximo rival.
El capÃtulo de anoche de esa historia tan próspera tuvo pormenores como el de un primer tiempo dividido en dos partes bien claras. En la primera, la atmósfera impresionante de un estadio que ardÃa jugó un papel nada despreciable: setenta mil personas vociferando, sabedoras de que con un rival como Boca hacen falta impulsos extras. Al equipo xeneize, entonces, le costó un buen rato sentirse cómodo.
Cruzeiro, con las baterÃas sobrecargadas, usó bien los espacios. Proyectó a sus laterales, hizo circular la pelota y buscó invadir el área xeneize con centros. Hasta allÃ, todo correcto, pero nada de eso es suficiente sin contundencia para cerrar las jugadas. Boca estaba demasiado retrasado, pero en ese planteo inicial de resistencia tenÃa columnas importantes, como Morel, en la defensa, y Vargas, atento para la contención en el medio campo. Entre la firmeza xeneize para protegerse y esa falta de lucidez de Cruzeiro para inquietarlo a fondo, no hubo demasiadas preocupaciones para Caranta. Pero en Boca era nula la continuidad hacia adelante; Riquelme, estático, pareció fastidiado desde el comienzo.
Fue media hora que Boca necesitó para absorber la hostilidad exterior y reencontrarse con su identidad de siempre en compromisos como éstos. Le hacÃa falta abrir una grieta para tomar impulso y soltarse. La encontró en una trepada fantástica de Monzón, que corrió treinta metros, pelota al pie, en una jugada que no tuvo consecuencias inmediatas, pero que abrió una página diferente para el partido. Boca tomó confianza abruptamente. Su ariete principal fue Palacio, descarga de ataque obligada. El fondo de Cruzeiro, que nunca dio garantÃas, empezó a sufrir. Casi inmediatamente después de aquella proyección de Monzón, una réplica de Boca lo puso al borde del colapso, pero Palacio definió muy mal. La reivindicación del delantero llegó enseguida y con un golazo; la jugada nació en un rechazo de Morel, pasó por Riquelme y Dátolo, y Palacio, tras un enganche, clavó la pelota en un ángulo. Boca ganó más tranquilidad; Cruzeiro era confusión pura. Un centro de Dátolo encontró el fantástico salto de Palermo para un 2-0 que excedÃa las previsiones de Boca y que le daba a la serie un tinte de cosa juzgada. Lo ilustró el profundo silencio del estadio.
En la segunda parte Cruzeiro cobró otro impulso. La defensa de Boca empezó a dudar y aparecieron inseguridades en Caranta. El descuento llegó con un mal rechazo del arquero, que precedió una hermosa tijera de Vagner. Animado por el gol, Cruzeiro volvió a creer; Boca perdió el control de la pelota y recurrió a la fricción. Sintió un vacÃo en la falta de peso de Riquelme, pero tenÃa un bastión en la generosidad de Palermo, que trabajó a destajo para el despeje y para perseguir rivales en el medio campo. Boca se consagró a aguantar, hasta que la expulsión de Ramires limó las últimas esperanzas brasileñas. Ya no le faltaba nada a la pelÃcula tan repetida en la última década: Boca, sacando pecho en Brasil. La Copa avanza hacia el momento de la verdad y Boca sigue en pie; suficiente para considerarlo más candidato que ninguno.
1 equipo argentino, únicamente, habÃa vencido a Cruzeiro en el Mineirao: Vélez, en 1996, por 1-0, con gol de Chilavert. Boca es el segundo.
Por Sebastián Torok
Enviado especial
Carlos Ischia, el DT de Boca, estaba más tranquilo que eufórico después del triunfo. "Lo que valoro es la actitud del equipo, su solidaridad. Siempre confié, más allá de lo difÃcil que era. ¿La serie con Atlas? Eso demuestra que lo de Miguel (Brindisi) es muy bueno. Será más difÃcil que los partidos anteriores", comentó.
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