La Nacion

Trabajo en blanco, pero con contraprestación política

8 de noviembre de 2009, 02:00 AM

Un delegado municipal se le acercó como un amigo una tarde de marzo: "¿Che, no querés ser inspector de tránsito?" A Juan lo paralizó la emoción. Hacía años que quería dejar de trabajar en negro. El delegado no anduvo con vueltas: "El viernes pasá por Yrigoyen".

Juan no necesitó explicación. Conocía al delegado y a la unidad básica. Ahí solía sumarse a la Juventud Peronista cada vez que había una movilización oficialista.

Ese viernes apareció temprano. Otros 25 chicos también esperaban. Los juntaron para detallarles la propuesta: "Van a cobrar 1400 pesos por trabajar en una cooperativa como policías de tránsito".

Juan se sintió agradecido. Hizo los trámites para conseguir la obra social en una oficina improvisada en una discoteca de Isidro Casanova. Aceptó trabajar tres meses de 7 a 11 cobrando la mitad de lo prometido, mientras hacía cursos sobre señales de tránsito. Tampoco chistó cuando su "referente" le comunicó a qué acto tenía que ir la semana siguiente. Su último viaje fue a La Plata, el 17 de octubre. El próximo también será a La Plata, el viernes próximo. Ese día, la cooperativa estará de asueto.

Juan cuenta la historia de un tirón, con inocente naturalidad, mientras trabaja en una de las zonas más activas de La Matanza, con una pechera naranja de la Municipalidad.

Agradece tener "un trabajo en blanco". No sabe cómo funciona una cooperativa. Tampoco le importa. Vive la contraprestación política sin temores: no repara en que relatar detalles podría ser un problema. Juan no se llama Juan. El accedió a ser citado con nombre y apellido, pero LA NACION prefirió resguardar su identidad.

Su única preocupación ahora es que le llegue la Tarjeta Social. "Me la prometieron", aclara presuroso. Hasta el mes pasado cobró en un galpón municipal, a las afueras de San Justo. De repente, Juan deja de hablar y toca el pito: un desconocido intentó estacionar en el lugar prohibido.

"No sé de qué hablás"

La encargada municipal de las cooperativas de La Matanza es la vicejefa de Gabinete, Verónica Magario. "No tengo idea de lo que estás hablando", respondió cuando LA NACION le contó el caso de Juan.

-¿Es posible que alguien use las cooperativas para fortalecer algún aparato político?

-Eso es una locura. La única obligación de los beneficiarios es cumplir con sus tareas-, se enojó.

Después dio detalles de las obras de las cooperativas desde 2004, la mayoría dedicadas a cloacas y cañerías. "Es todo transparente. No pueden seguir trabajando si no tienen certificadas las obras", argumentó. "¿Y en el caso de las cooperativas de servicios?", preguntó LA NACION. "Esas las certifica el municipio".

A ese grupo pertenecen, por ejemplo, las que limpian plazas. LA NACION recorrió tres el miércoles pasado. Como ocurrió con Juan, una decena de beneficiarias contaban sus historias sin temores. También dieron sus nombres y apellidos. Tampoco serán citadas.

En las plazas la respuesta era similar ante una pregunta común: cómo consiguieron sus lugares. "Por un referente político", contestó la mayoría.

En todos los casos, el "referente" podía colocar hasta cinco personas por cooperativa. Todas trabajan cinco días a la semana, de 7 a 13. Cobran 1200 pesos. "Estamos contentas y agradecidas por estos empleos", insistieron. Ahora fueron sumadas al nuevo plan de cooperativas. La asociación que integran ya tiene 25 personas.

Magario se volvió a enojar cuando LA NACION le preguntó si los dirigentes barriales digitaban el plan: "De ninguna manera. La inscripción se hace en el municipio. Y es abierta". Pero en las plazas ninguna beneficiaria sabía que había listados abiertos. "A nosotras nos anotó el referente", decían todas, mientras sacaban yuyos y los cargaban en las carretilla.

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