8 de noviembre de 2009, 02:00 AM
Elisabetta Piqué
Enviada Especial
BERLIN.- Conciertos, exhibiciones, muestras, eventos, debates, documentales, ceremonias, fuegos artificiales y megaeventos transmitidos en vivo y en directo a todo el planeta. Los reflectores del mundo del siglo XXI, unipolar y globalizado, están puestos sobre BerlÃn, que mañana celebrará el 20° aniversario de la caÃda del Muro de la Vergüenza, que significó la reunificación de Alemania y el principio del fin de la Guerra FrÃa.
La conmemoración de este hecho histórico será espectacular. Tanto, que ya hay quienes denuncian que tantas luces terminarán ocultando las sombras. Es decir, el costado amargo de la reunificación alemana: el desencanto por la aún apremiante situación económica que hay en el este del paÃs y las tensiones aún existentes entre ossies y wessies (alemanes del Este y del Oeste).
La expectativa, sin embargo, es alta. Para asistir a la denominada Fiesta de la Libertad llegarán muchos huéspedes ilustres. Desde los premios Nobel de la Paz Mikhail Gorbachov y Lech Walesa ?protagonistas de la gesta que derivó en la caÃda del Muro de la Infamia?, artistas como el director Daniel Barenboim y lÃderes mundiales como el presidente francés, Nicolas Sarkozy; el premier británico, Gordon Brown, y la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, entre muchos otros.
No por nada en la posmoderna y vibrante BerlÃn reina un clima de cuenta regresiva. Todo gira en torno de la mauerfall (la caÃda del Muro) y en la gran fiesta de mañana, que tendrá su centro en la Puerta de Brandeburgo, que fue durante 28 años la frontera más emblemática entre la parte oriental y occidental de la ciudad y que ahora es el sÃmbolo de la reunificación.
Nativos y extranjeros recorren esta zona imponente de la capital y hacen cola para visitar el museo del Checkpoint Charlie, el puesto de control que hace 20 años dividÃa el corazón de la ciudad en la hoy elegante Friedrichstrasse.
Cerca de allÃ, en Potsdamer Platz, ya pueden verse las enormes piezas de dominó, de más de dos metros de alto, que serán protagonistas de la gran fiesta-show de mañana, que con un recorrido de un kilómetro y medio sobre el viejo trazado de la frontera, recordará el efecto que tuvo la caÃda del Muro de BerlÃn en Europa y en el resto del mundo.
Muchos filman con sus celulares las piezas gigantes y, se sacan fotos ante viejos pedazos de muro pintados con graffiti que han sido vueltos a colocar para la ocasión. Todo para recordar el horror de esa barrera de cemento que empezó a ser construida el 13 de agosto de 1961 por el opresivo régimen soviético que controlaba la República Democrática Alemana (RDA). Un muro derribado al grito de "somos un pueblo" y a golpe de barrotes y martillos durante la histórica noche del 9 de noviembre de 1989, hace ya 20 años.
La euforia que se vivió entonces, sin embargo, ya no existe. Quienes en aquel momento tenÃan 20 o 30 años, parecen desencantados. SÃ, todos recuerdan con gran emoción esa noche en la que los ossies cruzaron "del otro lado", hacia la libertad, con sus viejos y destartalados Trabant, el modesto auto fabricado en la RDA.
Todos recuerdan cuando los alemanes del Este, asombrados, por primera vez vieron y tocaron el Oeste libre, rico y paraÃso del consumo, y bailaron y se abrazaron con sus hermanos del "otro lado".
Pero las emociones quedaron atrás. Hoy el desencanto es fuerte y hay hasta quienes creen que el aniversario ha sido sobredimensionado a nivel mediático. "Para la gente que conozco, el 20° aniversario del Muro no es un tema. Creo que es algo que impresiona más a los extranjeros que a la gente de acá", comenta Christian Bauschke, abogado, de 46 años.
"El romance entre los alemanes del Este y del Oeste fue breve. Si bien al principio tenÃamos interés los unos por los otros, ahora se desvaneció. Hay tensión entre las dos partes y cada una intenta demostrar que es mejor que la otra. Los alemanes del Este y del Oeste están en competencia, como sucede entre dos hermanos gemelos", explica a La Nacion Ilka Piepgrass, editora de Zeit Magazin, el semanario del diario Die Zeit, nacida en Stuttgart hace 44 años.
"El hecho de que la canciller Angela Merkel sea originaria de Alemania oriental es todo un sÃmbolo. Si bien después de 20 años los alemanes del Este están de mejor humor y tienen más autoestima, todavÃa hay una brecha económica muy grande entre las dos partes. En el Este hay mucho más desempleo y los jóvenes están obligados a irse al Oeste para poder obtener un empleo", agrega.
"Está en la mente"Mirko Beinert es una prueba viviente de esto. Nacido hace 24 años en Leipzig, una de las ciudades de la ex RDA, debió mudarse hace un año y medio a esta capital para conseguir empleo como recepcionista de un hotel. Mirko es parte de la generación de los que crecieron sin el Muro, una generación abierta, que no hace distinciones entre wessies y ossies.
"Yo tenÃa cuatro años cuando se cayó el Muro y lo que sé es por lo que me contaron mis padres o lo que pude averiguar ahora en muestras y museos para entender qué era la RDA. Para mà no existe el tema entre ossies y wessies, pero para gente más grande sà y es algo que está en la mente", asegura Mirko, que cuenta que tiene amigos del Oeste y hasta está de novio con Tanya, una wessie.
Lo cierto es que, como la mayorÃa de los alemanes del Este, con la reunificación los padres de Mirko pasaron a engrosar las filas de los desempleados alemanes. Su padre (hoy de 46 años), que solÃa ser chef en una pensión, nunca volvió a conseguir empleo porque tiene un problema de vista. "Mi padre es ciego en un 85%, algo que le hizo imposible encontrar trabajo por los requisitos que piden para trabajar en una cocina... Pero en la RDA a nadie le importaba su problema, era más importante que hiciera bien su trabajo", dice, sin ocultar su nostalgia por las ventajas sociales de la Alemania comunista, que garantizaba el empleo.
"Yo tengo toda la libertad, siempre la tuve y nunca me di cuenta de que habÃa dos Alemanias. Pero creo que para la gente mayor la frontera va a existir siempre. Tienen que pasar al menos 50 años para que no hayan más tensiones", reflexiona Mirko.
¿Irá a los festejos mañana? "Tengo que trabajar, pero trataré de hacerme una escapada ?contesta?, teniendo presente una frase que siempre me repiten mis padres, que dicen que no todo lo de la RDA era malo."
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