17 de mayo de 2008, 02:00 AM
SAN ANTONIO.- Estos tres dÃas antes del séptimo juego, para nosotros, vienen bárbaro. Para New Orleans también puede ser importante, si se recupera David West, pero eso ya no tiene tanto que ver con nosotros. Lo importante es tener tiempo para descansar.
Cuando se llega a un séptimo juego de una serie de playoffs no hay muchas explicaciones para buscar sobre los equipos. Quiere decir que los dos somos muy parejos. Es una serie tremenda, durÃsima mentalmente. Claro que esa paridad no se notó dentro de un mismo partido. Muchos me preguntan por qué y la verdad es que... ¡no tengo ni idea! Nunca jugué una serie como ésta. Lo más parecido habÃa sido en las finales de 2005, contra Detroit. Pero esa tendencia de localÃas fuertes sólo duró hasta el cuarto partido. Después, se emparejó todo.
Contra Phoenix, en algunos momentos, ellos o nosotros sacábamos 15 puntos de ventaja, pero por una buena racha. Después hay una reacción, el otro se acercaba. Acá no. El que saca 15 puntos gana el partido. Se acabó el juego. Es un misterio, pero si tengo que inclinarme por algo, tengo que creer que es algo mental. La confianza del público agranda a uno y baja el ánimo del otro. Sin embargo, nosotros somos un equipo con mucha experiencia, y tampoco deberÃa afectarnos. Además, si bien se vive un clima de playoffs y hay pasión, es el "entusiasmo NBA". Es gente que alienta, que grita: "¡Defense, defense!" y nada más. No hay una presión como la de una barra brava, no hay piedrazos ni botellazos o algo que pueda intimidarte. Por eso, es raro. Desde que llegué a la NBA, siempre me tocó ganar partidos como visitante en los playoffs, menos en una serie con los Lakers (en 2004).
Esta es la tercera vez que voy a jugar un séptimo juego. En las anteriores, ganamos contra Detroit (2005) y perdimos contra Dallas (2006). Y las dos fueron acá. Es la primera vez que voy a jugar el séptimo partido de visitante.
Ahora, si queremos ganarlo, vamos a tener que jugar los 48 minutos y no, 36, como nos pasó las tres veces en Nueva Orleans. No tienen que repetirse esos lapsus que nos agarran. No podemos darnos el lujo ni de pestañear. Porque en los tres partidos que perdimos terminamos siempre el primer tiempo arriba o empatados, y en el tercer cuarto nos pasaron por arriba.
Ellos juegan en un gran nivel y se nos hace muy difÃcil pararlos. Están defendiendo muy duro y tienen un ataque balanceado, principalmente con Chris Paul y West. Pero cuando bajó alguno de ellos, siempre apareció otro, o Mo Peterson o Peja Stojakovic.
Nuestra estrategia es siempre la misma y es jugar interior. La primera opción es poner la pelota interior para Tim Duncan. El tema es que ellos hacen un doblaje muy rápido en la marca, y cuando Tim revierte, los que quedamos libres no la estuvimos metiendo. Además, Tim tampoco estuvo bien en los primeros juegos. Los dos primeros partidos los jugó enfermo, con fiebre, y sus números no fueron buenos.
Lo último que tengo para decir tiene que ver con el sexto juego. Lo quiero aclarar, especialmente, porque me parece una falta de respeto que se hablen ciertas cosas de Robert Horry, por la jugada en la que chocó con David West. Ayer puede verla otra vez. Fue un bloqueo ciego, como cualquier otro. Además, lo compararon con una situación con Steve Nash el año anterior. Aquello fue una falta fuerte, es cierto, pero que no lastimó a Nash. Influyó, después, porque Amare Stoudemire y Boris Diaw entraron en la cancha y fueron suspendidos, pero Nash siguió jugando y no cambió la serie. Horry no es un jugador con mala intención.
Promedio (Not Rated)
Copyright © 2008 SA LA NACION