17 de mayo de 2008, 06:30 AM
(www.saludyciencias.com.ar * Especial por Antonio Elio Brailovsky ) A veces tenemos la ilusión de que un conflicto ambiental se ha solucionado sólo porque hemos escuchado un anuncio polÃtico que asà lo decÃa. Sin embargo, los conflictos ambientales, como son parte de los conflictos sociales, no suelen alcanzar una solución definitiva, sino que cambian continuamente de forma y requieren de nuevas respuestas todo el tiempo. Ésta es la situación de los bosques nativos en Argentina.
La historia
Un modelo económico basado en la irracionalidad y la codicia transformó una parte importante de nuestros bosques en humo y soja. Ante esta situación, un importante movimiento social acompañó la consigna de salvar esos bosques. Muchas personas y organizaciones reclamaron contra la tala abusiva y más de un millón de personas firmaron el petitorio de Greenpeace de aprobar una Ley de protección de los bosques nativos.
En ese contexto, se aprueba la Ley Nacional No 26.331. Se trata de un buen avance, pero todavÃa es limitado. El anuncio de que su aprobación significó la salvación de los bosques nativos aparece como excesivo para cualquier persona que recuerde que las leyes tienen que ser reglamentadas para entrar en vigencia.
La Ley de Bosques fue sancionada en diciembre de 2007. La aprobación de una Ley por el Congreso suele tener una amplia cobertura periodÃstica. En cambio, su reglamentación por el Poder Ejecutivo pasa casi siempre desapercibida. Sin embargo, la Ley no puede aplicarse hasta que no exista su Decreto reglamentario.
Se da entonces la siguiente paradoja: la Ley de Bosques tiene un procedimiento muy estricto de protección de los recursos naturales, pero en la realidad aún no se aplica. Pero mientras tanto puede aprobarse otra Ley, que diga otra cosa. Inclusive una ley que diga lo contrario, y que facilite la destrucción de los bosques nativos. Es decir, que es posible que se vuelva a la situación anterior, de desmontes masivos, pero con la gente confiada en que los bosques han sido salvados.
La gran duda
¿Será cierto el rumor que habla de una negociación polÃtica para aprobar rápido la Ley de Bosques al precio de demorar mucho su reglamentación?
Esta situación no es solamente teórica: esa otra Ley ya está en camino. Está a estudio del Senado de la Nación un proyecto de Ley para autorizar las quemas como herramienta de manejo agrario, tanto de pastizales como de bosques. La estrategia es transformar la autorización para destruir la vegetación natural en un simple trámite burocrático, salteándose todos los requisitos de control ambiental que establece la Ley de Bosques. Bastará con llenar una planilla y hacerla sellar por una autoridad complaciente, que diga que eso no es un bosque nativo, para poder arrasar casi cualquier cosa.
Previsiblemente todo se harÃa sin estudios ni evaluaciones de impacto ambiental, sin ordenamiento territorial y sin audiencias públicas, de modo de poder quemar rápidamente lo que quieran quemar. Cuando lleguen los peritajes, sólo encontrarán cenizas.
Incongruencias
Sorprendentemente, dicho proyecto ni siquiera prohÃbe quemar en áreas urbanas. Aún más: ordena a las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a dictar normas complementarias de esa Ley. Me pregunto si de veras piensan en el Senado que es una buena idea quemar vegetación en el interior de la Ciudad de Buenos Aires y en qué lugar de la Ciudad se les ocurrirÃa hacerlo.
(*) Antonio Elio Brailovsky es escritor, experto en temas ecologicos y ex-defensor del pueblo en estas temáticas.
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