23 de julio de 2008, 02:00 AM
No hay quÃmica entre Juan Román Riquelme y Lionel Messi, más allá de esforzadas desmentidas. Las diferencias nacen en la cancha y luego derivan en cuestiones más personales. Son dos figuras de jerarquÃa con gran capacidad de resolución. Pero, ¿fortalecen a la selección? Se advierte una evidente desavenencia de velocidades. Ambos buscan impulsos diferentes. Riquelme moviliza al equipo a un ritmo que Messi no quiere. Román necesita jugar con los espacios, contar con futbolistas que le marquen la descarga. Todo lo contrario de Messi, que siempre quiere la pelota al pie y rinde más cuando puede ocupar la posición que se le antoje. Demasiado opuestos como para complementarse, más allá de sociedades fugaces que, obviamente, pueden mostrar.
Después de advertirse esta división en la selección mayor, ya se escribió que Alfio Basile tendrÃa que elegir a uno de los dos como su lÃder futbolÃstico. Pero se señaló también que el DT ha quedado acorralado. El entrenador le concedió a Román la potestad de patrón desde que aceptó que JR volviera a la selección cuando a él se le ocurrió. Y Messi es intocable. Pero lejos de esta visión, Sergio Batista prefirió redoblar la apuesta. Y los riesgos. Su dibujo táctico en los Juegos será un 4-2-2-2, con doble enganche: sÃ, Riquelme-Messi, si el culebrón de su convocatoria termina bien. Cada uno siente que es desequilibrante, que no necesita asistencia, y eso los vuelve peligrosamente individualistas. Batista golpeará a las puertas de una generosidad que vaya a saber si querrá atenderlo.
Mientras Riquelme pareció citarse solo a la selección olÃmpica con el argumento de que es el único certamen que le falta jugar, por aquà nadie se atreve a hacer lo que sà resolvió Barcelona: Messi es su Ãdolo/emblema/lÃder. En el Sub 23 la intención es que ese rango lo compartan dos personas que, justamente, entienden el fútbol de manera diferente. Y no parece la sintonÃa apropiada para asumir la conducción de la selección. Román se fastidia si él no impone las condiciones del juego... Messi también, y lo disimula menos.
Messi, con 21 años, tendrÃa que ampliar su mirada. Riquelme, con 30, ya ofreció lo mejor. Al menos en China, JR podrÃa afilar su compromiso ante una adversidad futbolÃstica -marcas pegajosas, cerrojos rivales- y Leo tendrÃa que entender que todas las maniobras no exigen explosión. Messi es una magnÃfica individualidad, que aún no registra todos los recorridos que le convienen a un equipo. Un crack es aquel que influye en el rendimiento de sus compañeros tanto como gravita en el resultado de un partido. Le sobran los recursos para intentar el slalon imposible, pero aunque parezca mucho más sencillo, también debe soltar la pelota en el lugar indicado. PekÃn tomará examen.
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