18 de julio de 2008, 12:25 PM
ESTAMBUL (AP) - Presa de la desesperación, Suzan se roció de gasolina a ella misma y a su hija de 14 años y se dispuso a prenderse fuego.
El sueño de esta refugiada iraquà de llegar a Europa se habÃa desvanecido. La mujer, una peluquera que recibió amenazas en Irak, le habÃa pagado 18.000 dólares a un traficante de personas para que la llevase a ella y a su hija Aya a Grecia, a través de TurquÃa. Pero al llegar a Edirne, cerca de la frontera con Grecia, el traficante desapareció.
Suzan regresó a Estambul, convencida de que el único futuro para ella y su hija allà era la prostitución.
"Mi sueño fue como un castillo de arena derribado por una gran ola", dijo Suzan. "No querÃa ver el dÃa en que yo y mi hija nos verÃamos obligadas a salir de la buena senda".
Suzan desistió de prender un fósforo ante los ruegos de su hija. "Mami, por favor, te beso los pies. No lo hagas", imploró la niña.
"La tenÃa entre mis brazos, mojada en gasolina y temblando de miedo. Me sentÃa desesperada y no veÃa salida alguna", recordó Susan llorando. Habló con la AP a condición de que no se revelase su nombre completo por temor a ser deportada por las autoridades turcas.
La situación en Irak parece estar empujando a muchas personas a tratar de llegar ilegalmente a Europa y alimentando las actividades de traficantes que se aprovechan de esta gente.
El 23 de junio, la policÃa europea, o europol, coronó lo que fue descripto como una de las operaciones coordinadas más grandes jamás lanzadas contra redes de traficantes con el arresto de 75 personas en nueve paÃses de Europa. Se la llamó "Operación Bagdad", aludiendo a la cantidad de iraquÃes que intentan llegar a Europa.
Si bien es difÃcil calcular la cantidad de gente que llega ilegalmente a Europa, la Europol dice que las solicitudes de asilo sirven como referencia. Entre mediados del 2006 y mediados del 2007 hubo un aumento del 10% en esas solicitudes.
Se calcula que en los últimos cinco años unos 2,5 millones de iraquÃes se fueron del paÃs, la mayorÃa de ellos a paÃses vecinos como Siria, Jordania y TurquÃa, donde tienen un status incierto, no pueden trabajar y se están quedando sin dinero. Muchos intentan llegar ahora a Europa.
Estados Unidos y algunos paÃses europeos reciben a un porcentaje pequeño de refugiados. Suecia recibió a unos 40.000 iraquÃes desde la invasión de Estados Unidos y otras naciones a Irak en el 2003 y es de lejos el paÃs occidental que más iraquÃes albergó. Estados Unidos, que al principio recibió muy poca gente, dice que en lo que va del actual año fiscal llegaron 5.800 iraquÃes.
Para el grueso de los refugiados, hay pocas esperanzas. Generalmente, ni siquiera los que residen legalmente en Siria, Jordania o TurquÃa son autorizados a trabajar, lo que implica que deben trabajar en negro o vivir de lo poco que lograron sacar de su paÃs.
Suzan solicitó a las Naciones Unidas el status de refugiada y ser enviada a otro paÃs, pero su pedido fue rechazado porque TurquÃa fue el primer paÃs que visitó y ella pidió ser admitida en Grcia. Se supone que los refugiados deben pedir ser admitidos en el primer paÃs que visitan.
Suzan y Aya alquilan un departamento modesto, con ventanas rotas y fisuras en las paredes, por 200 dólares al mes. Ella lava platos y gana ocho dólares diarios en Estambul.
TurquÃa es usada a menudo como trampolÃn hacia Europa, ya que está pegada a Grecia, que tiene una enorme costa y unas 2.000 islas por las que no es tan difÃcil ingresar al paÃs. El año pasado fueron detenidas más de 112.000 personas que intentaban ingresar ilegalmente a Grecia, incluidas casi 13.000 iraquÃes. Este año los griegos detuvieron a casi 2.000 iraquÃes.
Ahmad Raouf, de 32 años, es un iraquà que logró llegar a Europa y se encuentra en Suecia desde marzo. Pagó 16.000 dólares a traficantes para que lo transportasen a través de TurquÃa y Grecia. Los traficantes le dieron un pasaporte falso y apenas ingresó a territorio sueco, Raouf se entregó a las autoridades y pidió asilo polÃtico.
"No todos los traficantes son malos", expresó Raouf en una entrevista telefónica desde Estocolmo. "El mÃo se portó muy bien conmigo. Me acompañó durante todo el viaje y no aceptó un centavo hasta que llegamos".
Los intentos de salir del paÃs, no obstante, con frecuencia resultan desastrosos.
Una mujer de 35 años, que pidió ser identificada únicamente por su apellido, Abdul-Fattah, dijo que huyó de Bagdad con sus dos hijos en el 2005, luego de que su esposo fue asesinado por milicianos chiÃtas. Solicitó a la ONU ser admitida como refugiada en Siria hace más de un año, y nunca le contestaron.
Abdul-Fattah vendió entonces todas sus pertenencias y pidió prestado a sus amigos para pagarle 15.000 dólares a un traficante iraquà que se comprometió a llevarla a ella y a sus hijos a Bélgica desde Siria.
El individuo le dio pasajes y visas falsas para la República Africana Central. La mujer dijo que a su llegada a la capital, Bangui, fue detenida y molestada por la policÃa.
"Fui humillada y toqueteada", señaló en una entrevista telefónica. Ella y sus hijos fueron deportados a Libia y luego enviados a Damasco.
Indicó que consideró la posibilidad de dar a sus hijos en adopción porque no puede mantenerlos.
"Vulnerable y desolada son tan solo palabras. Yo me siento mucho peor. Perdà a mi marido, mi casa y ahora mi dinero", expresó.
En Damasco, sin dinero ni trabajo, ella y sus hijos duermen en el suelo del sótano de la casa de un amigo y viven de la caridad de la gente.
"No fui una idiota al entregar mi dinero. Estaba sumergida en un mar de desesperación", declaró. "El (el traficante) me engañó con promesas de una vida fácil en Europa. Ojalá alguien me hubiera cortado las manos antes de entregarle el dinero".
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