23 de julio de 2008, 12:24 PM
WENATCHEE, Washington, EE.UU. (AP) - Todo empezó en unos huertos de Wenatchee hace 36 años, cuando un par de médicos decidió atender a extranjeros que trabajaban en las cosechas desde una camioneta que recorrÃa plantaciones de Arkansas y Oklahoma.
Hoy, la clÃnica Columbia Valley Community Health de Wenatchee tiene un presupuesto anual de 18 millones de dólares, más de 250 empleados y atiende a 16.000 personas anualmente en los condados de Chelan y Douglas.
Es una clÃnica privada, sin fines de lucro, que atiende a cualquiera, pero se concentra en la gente de bajos recursos y los extranjeros que trabajan en las cosechas, indicó una de sus empleadas, Carol McCormick.
Ofrece atención médica, dental, maternidad, farmacia, laboratorio, rayos x y salud mental.
En los últimos cinco años la clÃnica ha estado trabajando en campos que son propiedad del estado, administrados por los condados. Médicos y otros especialistas visitan los campos unas diez veces durante el ciclo de tres cosechas anuales. Dan consejos, tratamientos sencillos y envÃan a los pacientes a otros sitios en caso de problemas más serios.
McCormick, de 54 años, dice que su mayor preocupación es ayudar a que los extranjeros sorteen dos barreras.
"Una es que no saben cómo obtener servicios ni si los necesitan", declaró. Dijo que con frecuencia ignoran dolencias porque necesitan trabajar.
"La segunda barrera es temor al racismo y la ansiedad que les produce el poder terminar en una situación incómoda", expresó.
Los trabajadores temporales sufren todo tipo de males, pero trabajan igual, para evitar confusiones, manifestaciones de racismo y cualquier otra experiencia negativa. según la mujer.
"El racismo puede ser real o imaginado, producto del desconocimiento de caracterÃsticas culturales de un pueblo. Nosotros, por ejemplo, tendemos a hablar en voz más alta que el resto del mundo. Cuando un latino oye esa voz, generalmente piensa que una está enojada, especialmente cuando no pueden entender bien lo que se está diciendo", manifestó McCormick, quien habla español y ha vivido en Colombia y Costa Rica.
La clÃnica recibió una subvención del gobierno y se asoció con organizaciones como el Chelan-Douglas Health District, Wenatchee Valley Medical Center, Golds Gym, the YMCA, North Central Educational Service District, Central Washington Hospital, WSU Extension y otras que ponen énfasis en la diabetes, el asma, la nutrición, el cigarrillo y la obesidad.
La subvención le permitió a McCormick poner en marcha un programa de "promotores", como se denomina a personas que no son especialistas en el campo de la salud pero están capacitadas para reconocer sÃntomas que requieren atención médica.
El programa le permite a la clÃnica establecer relaciones con los trabajadores, lo que es importante porque, al tener una relación, eso estimula al trabajador a buscar atención médica si surge un problema, indicó McCormick.
Lupita Espinoza es una de los cinco promotores que tiene la clÃnica. Visita escuelas, un centro donde se dan clases de ejercicios y plantaciones, conociendo gente y tratando de detectar problemas de salud.
Dijo que en una ocasión dio con una mujer que sufrÃa de depresión y le consiguió un tratamiento. También ayudó a que una persona que habÃa sufrido un ataque cardÃaco y otra con diabetes recibiesen la medicación indicada e iniciasen un programa de ejercicios.
"Me encanta ayudar a la gente con sus problemas de salud", dijo Espinoza. Señaló que su madre era muy tÃmida y ella siempre la asistió en todo lo relacionado con su salud y en otras cosas.
McCormick dijo que los trabajadores de la clÃnica se topan con muchos inmigrantes con problemas cardÃacos y de diabetes que se quedaron sin medicamentos y no saben dónde conseguir más. Añadió que otro problema común es el de la hipertensión.
Señaló que es difÃcil hacer una evaluación de la salud de los inmigrantes en general porque hay muchos que son jóvenes y saludables, y otros que no.
"Pero descubrimos algunos casos médicos bastante interesantes", dijo.
Una vez, cuando le medÃa la presión a un anciano, un muchacho de 13 años le pidió que se la midiese a él.
"TenÃa una presión tan alta que hice que lo viera el ayudante del médico, quien se encontraba allÃ", expresó. "Resultó que tenÃa osteomielitis, una infección de la médula, que pudo haber tenido consecuencias graves" de no ser tratada.
(Despacho de The Wenatchee World)
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