7 de noviembre de 2009, 07:14 PM
ORLANDO, Florida, EE.UU. (AP) - Su matrimonio habÃa fracasado desde hace tiempo; su casa estaba embargada por el impago de la hipoteca; su despido llegó luego que sus patrones lo consideraron un incompetente, y sus finanzas estaban arruinadas. Todo lo que Jason RodrÃguez emprendÃa terminaba en un fracaso, salvo su presunto plan para perpetrar un ataque a tiros.
El hombre de 40 años, cuya vida sólo parecÃa empeorar, fue acusado el sábado de asesinato premeditado. Las autoridades dicen que RodrÃguez ingresó el viernes a su antigua oficina, donde mató a una persona e hirió a cinco.
Durante su breve comparecencia en el tribunal, RodrÃguez no dijo palabra, pero su abogado señaló que se trataba de un enfermo mental, asolado por numerosos problemas.
"Este hombre es la sÃntesis de las tragedias de primera plana ocurridas durante todo el año: desempleo, embargos, bancarrota, divorcio, todas las tensiones emocionales posibles", dijo el abogado de oficio Bob Wesley. "Su salud mental habÃa declinado. No hubo lógica alguna en sus actos, lo que apunta a un caso de salud mental. Parece un caso clásico de estrés excesivo".
La policÃa se negó a emitir declaraciones el sábado sobre su investigación en torno del tiroteo. Pero mientras RodrÃguez permanecÃa custodiado por agentes ante el temor de que intente suicidarse en la cárcel del condado de Orange, comenzó a trascender el relato de su vida.
RodrÃguez no pudo pagar la pensión para su hijo de 8 años. TenÃa deudas atrasadas por 90.000 dólares, según su declaración de bancarrota. Su carrera promisoria pero breve en una empresa de ingenierÃa se truncó y, tras el despido, RodrÃguez consiguió empleo en una cadena de comida rápida.
Wesley describió a su cliente como una persona "muy enferma mentalmente", pero no dio detalles. La ex suegra de RodrÃguez, America Holloway, dijo que el acusado era esquizofrénico, mostraba constantemente una conducta paranoica, culpaba a los demás por todas sus tribulaciones y siempre creÃa resultarle desagradable a alguien.
La propia madre del sospechoso tuvo dificultades el sábado para hallar palabras que defendieran a su hijo. Sólo pudo musitar una disculpa.
"Perdón a todas las familias involucradas", dijo Ana RodrÃguez. "Lo lamento mucho, esto es muy doloroso".
La policÃa informó que el propio RodrÃguez expresó disculpas el viernes, cuando era esposado y explicó que pasaba por una época muy difÃcil. Pero las disculpas ofrecieron poco consuelo a las vÃctimas, que trabajaban en Reynolds, Smith and Hills cuando el sospechoso era ingeniero principiante en esa firma. RodrÃguez permaneció en el cargo 11 meses y fue despedido en junio del 2007.
El único fallecido en el ataque fue identificado como Otis Backford, de 26 años, padre de una niña de 7 meses. El trabajador estaba parado cerca de la recepción cuando el sujeto armado entró a la oficina.
La madre de Beckford dijo al diario The Palm Beach Post que habló por última vez con él el jueves por la noche, a fin de hacer planes para la cena familiar del DÃa de Gracias.
"Ahora, él no estará ahÃ", dijo Icilda Cole al diario. "Es una tragedia. Yo tenÃa dos hijos, Otis y mi hija. Me queda ella. Nunca pensé que algo asà podrÃa ocurrirle a él".
Los cinco heridos fueron identificados como Gregory Hornbeck, de 39 años; Ferrell Hickson, de 40; Guy Lugenbeel, de 62; Edward Severino, de 34, y Keyondra Harrison, de 27. Todos se encontraban estables en hospitales de Orlando y se esperaba que sobrevivieran.
Varios empleados consultados el sábado dijeron que la firma les prohibió hablar con la prensa sobre el tiroteo.
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