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Colombiano sufre consecuencia del 'sueño americano' -

8 de mayo de 2008, 01:42 PM

Por Luis Jaime Acosta

BOGOTA (Reuters) - Durante casi 13 años el colombiano Julio Díaz se ganó la vida bailando salsa y música tropical con una muñeca de trapo en las calles de Nueva York, un trabajo informal con el que obtuvo reconocimiento, sacó adelante a sus 7 hijos y ayudó a otros miembros de su familia.

Pero este hombre, que regresó hace cinco meses a Colombia después de una ausencia en la que se privó de ver crecer a sus niños y de compartir con ellos momentos especiales, siente que aunque les dio bienestar económico, perdió a varios de ellos.

"Yo fui a ver si conquistaba el sueño americano y porque todo lo que yo luché en Colombia fue muy duro, se me cerraron las puertas," dijo Díaz, un hombre de estatura mediana, piel trigueña, bigote y cabello oscuro, al recordar el motivo de su viaje a Estados Unidos.

Este colombiano que llegó a Nueva York en enero de 1995 después de que hipotecó su casa y tramitó una visa para trabajar en un barco, comenzó cargando cajas con refrescos, pero encontró en el arte un medio de vida, después de que fabricó una muñeca de trapo y se fue a bailar a un parque.

"Cuando volteé a mirar ya tenía en la canasta como unos 8 ó 10 dólares, en una hora, me fue bien, ese día me hice como 70 dólares, entonces dije, el otro domingo vengo," relató Díaz sobre el comienzo de su trabajo con su muñeca Lupita.

Este inmigrante, es parte de los alrededor de 3,3 millones de colombianos que se encuentran en el exterior, principalmente en Estados Unidos, España y Venezuela, logró ganar hasta 300 dólares al día con sus presentaciones en parques, calles y estaciones del Metro de Nueva York.

La mayoría de dinero que ganaba lo enviaba a Colombia para atender las necesidades de sus hijos, que tuvo con tres esposas, para la construcción de una casa en un sector de clase media. Sólo se dejaba lo necesario para pagar el arriendo de un pequeño cuarto y su alimentación.

EL REENCUENTRO CON LA REALIDAD

"Lo más difícil de la vida son los hijos, Había dos cosas: o mis hijos bien, o mis hijos mal y con el papá, entonces yo dije prefiero que mis hijos estén bien aunque yo este mal," afirmó Díaz, al recordar su decisión de viajar como emigrante.

"Gracias a Dios ninguno de mis hijos podrá decir que le volteé la espalda, a todos les di casi por igual," aseguró.

Pero Díaz, que con sus presentaciones alcanzó reconocimiento internacional al lograr bailar con Lupita al lado de artistas como Celia Cruz, Tito Puente, Oscar de León, Johnny Pacheco y el Gran Combo de Puerto Rico, sintió que el mundo se le vino encima cuando regresó a Bogotá.

El colombiano encontró que sus dos hijas adolescentes estaban embarazas y convivían con sus novios, mientras que sus demás hijos escasamente lo identificaban como padre.

"Quería lo mejor para mis hijas y me pagaron mal, una decepción grande que no se la deseo a nadie y le recuerdo a toda esa gente que está inmigrante, que por favor, es mejor, yo pensaría si el mundo se retrocediera, escogería más bien estar en Colombia," afirmó.

Díaz, quien no habla inglés y siempre estuvo en Estados Unidos en forma ilegal, dice que el dinero y las comodidades como una casa no son todo en la vida.

"Ya no me quieren por padre, me quieren solamente por papá dinero, porque necesito esto y ellos tienen toda la razón. Quizás no todo es dinero en la vida. Gracias a Dios llegué en un momento oportuno para este niño que tiene 15 años y lo puedo encaminar," dijo refiriéndose a su hijo menor, que tuvo con su tercera esposa.

UN DRAMA QUE SE REPITE

Pero el drama de Díaz puede ser similar al de cualquiera de los millones de colombianos que, de acuerdo con estimaciones oficiales se ganan la vida en el exterior, la mayoría en forma ilegal, debido al desempleo y los problemas de inseguridad generados del conflicto interno en su país de más de 40 años.

No existen estadísticas precisas sobre el número de colombianos en condición de inmigrantes, pero de los 15,8 millones de nacionales que salieron del país entre 1996 y el 2007, 1,9 millones no regresaron, según cifras del Departamento de Extranjería.

Colombia se convirtió en el 2007 en el tercer receptor de remesas en América Latina, superado por México y Brasil, con más de 4.200 millones de dólares, un importante motor de la economía que ese año creció un 7,5 por ciento.

La Organización Internacional Para las Migraciones (OIM) admite que la ausencia de un padre que busca un mejor futuro para su familia en otro país puede causar la desintegración familiar y poner en riesgo a los hijos de caer en deserción escolar, drogadicción o en actividades criminales.

"Por supuesto se dan casos en los que hay una destrucción de la célula familiar, los niños delinquen o desertan del colegio, lo cual es de bastante preocupación," dijo a Reuters José Angel Oropeza, jefe de la misión de la OIM en Colombia.

"Hay preocupación por parte de los gobiernos de los países de origen de cómo aliviar los efectos negativos que puedan estar aparejados con la migración," afirmó.

El funcionario hizo un llamado para minimizar los efectos sociales de las migraciones, con políticas que permitan el reagrupamiento familiar o los viajes regulares de los emigrantes a sus países de origen.

Pese a la tristeza que embarga a Díaz por la decepción con sus dos hijas y algunos de sus hijos, Ofelia Hernández, su actual esposa, cree que el sacrificio valió la pena.

"Durante el tiempo que estuvo allá, estuvo siempre pensando en nosotros, en sus padres, en sus hijos, en mí, y todo esto se ve reflejado en que estamos bien, estables económicamente, con salud y él está disfrutando lo que no tuvo en 13 años," dijo Hernández.

(Reporte de Luis Jaime Acosta; Editado por Paulina Modiano)

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