24 de julio de 2008, 04:49 PM
Por Alexandra Valencia
MONTECRISTI, Ecuador (Reuters) - En Montecristi, cerca del "cóndor" que cobijó a la Asamblea Constituyente de Ecuador para que redactara una nueva carta magna, la desilusión por el trabajo de ese cuerpo y las dudas sobre su propuesta reinaban el jueves entre muchos ecuatorianos.
La comerciante Virginia Muñoz depositó en noviembre su esperanza de salir de la pobreza con las reformas constitucionales, una idea que fue generalizada entre la población como una de las promesas del presidente izquierdista Rafael Correa para levantar el paÃs.
Pero, ocho meses después y a puertas de que la entidad de plenos poderes concluya su trabajo, la joven madre no ha visto un cambio y dijo con tristeza que aún no encuentra una señal para confiar en que los problemas que aquejan a la mayorÃa de ecuatorianos sean superados.
"Pensaba que con la Asamblea se iba a tener más trabajo, pero no fue asÃ. Ahora hay que esperar a ver qué pasa," dijo Muñoz, mientras confeccionada los tÃpicos sombreros de paja toquilla, en Montecristi, sede de la Asamblea Constituyente, a unos 260 kilómetros al oeste de Quito.
La Asamblea Constituyente prevé cerrar su trabajo el jueves con la aprobación final de un proyecto de texto constitucional, que deberá ser ratificado por los ecuatorianos en un referendo a fines de septiembre.
Su instalación en noviembre del año pasado despertó muchas expectativas en la población respecto a que los 130 integrantes incluirÃan cambios en la Constitución que solucionarÃan problemas que afectan a la mayorÃa de los ecuatorianos como la pobreza, el desempleo o la corrupción.
DESCONOCIMIENTO
La desconfianza de Muñoz respecto al trabajo que realizó la Asamblea es generalizada entre los moradores del polvoriento pueblo, que pese a vivir de cerca las maratónicas sesiones de la Asamblea, controlada por el oficialismo, desconocen los textos constitucionales aprobados.
Un último sondeo aplicado por la firma Cedatos-Gallup Internacional reveló que un 65 por ciento de los ecuatorianos están indecisos respecto al referendo por desconocimiento de la propuesta constitucional.
El proyecto de nueva carta magna, que de ser ratificado en las urnas dará mayores atribuciones al Ejecutivo, desmontará el poder que ejercÃan los debilitados partidos polÃticos y autorizará la reelección inmediata.
"Hay cosas que han transformado, para eso fueron nombrados. Pero no sé todavÃa que hicieron," dijo Juan Pincaye, un vendedor de lentes protectores solares, de 45 años.
El desconocimiento de la población a los textos, sin embargo, no parece ser un obstáculo para que Correa sume un nuevo triunfo en las urnas a los cuatro conseguidos consecutivamente desde que decidió participar en las elecciones presidenciales en el 2006, según encuestadores.
A mediados de julio, un 32 por ciento de los ecuatorianos respaldaba el referendo, una tendencia que va en aumento, según Cedatos.
Para que ese porcentaje aumente, según analistas, Correa tendrá que seguir adoptando medidas populares como la incautación de empresas de un grupo económico que protagonizó una quiebra bancaria la década pasada o incrementar sus planes de asistencia social a sectores desposeÃdos.
"Yo voy a votar por el Sà en septiembre porque el presidente dice que nos va a ayudar con muchas cosas que necesitamos," expresó Cielito Casanova, una anciana cuya pobre vivienda contrasta con la apoteósica "Ciudad Alfaro," sede de la Asamblea y una construcción de metal y vidrio que vista desde el aire simula a un cóndor.
(Editado por Silene RamÃrez)
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