6 de septiembre de 2008, 12:05 PM
Por Krittivas Mukherjee
TIKABALI, India (Reuters) - Hace unas semanas, mientras Lal Mohan Digal se preparaba para ir a la cama, una pandilla de irritados fanáticos hindúes aparecieron sobre las colinas de su casa de barro e irrumpieron en su localidad campestre del este de India.
Para el amanecer, las casas de cristianos de la aldea eran pilas humeantes de barro quemado y ruinas de concreto. Las iglesias fueron arrasadas y sus puertas de madera y ventanas arrancadas.
"PodÃamos escucharlos gritar 'Jai Shri Ram,"' dijo Digal, refiriéndose al grito de batalla de los hindúes para aclamar a su dios guerrero.
La pandilla regó gasolina sobre los techos de paja de las casas del poblado, para luego prenderles fuego. Los chapiteles de las iglesias fueron derribados.
La parte hindú de la aldea quedó intacta. Durante cuatro dÃas Digal y sus afligidos vecinos cristianos se escondieron en los bosques de teca, antes de ser guiados a un campamento de emergencia establecido por el Gobierno.
La violencia se repitió aldea tras aldea, con algunos de los peores ataques contra cristianos vistos en la India, especialmente en el convulsionado distrito Kandhamal de Orissa.
Al menos 16 personas, en su mayorÃa cristianos, fueron asesinados, las iglesias fueron destruidas y 10.000 cristianos fueron forzados a huir de sus hogares al tiempo que los ataques se propagaban.
Los cristianos respondieron con algunos disturbios. Casi todas las aldeas que Reuters visitó presentaban evidencias de ataques contra la comunidad cristiana.
Los refugios de emergencia estaban colmados de cristianos, en su mayorÃa niños y mujeres puesto que los hombres estaban demasiado atemorizados para salir de sus escondites en los bosques.
En un campamento temporal en la aldea Raikia, habÃa 8.000 personas apiñadas en dos pisos de una oficina gubernamental, durmiendo en el piso y sobreviviendo a base de arroz y lentejas que recibÃan dos veces al dÃa.
"Fueron las campañas de violencia de Sangh Parivar las que dieron lugar a la inefable miseria de los cristianos," dijo Sam Paul, del Consejo de Cristiano de Toda India, refiriéndose a la cúpula de un organismo de radicales hindúes.
No ha habido una larga tradición de rivalidad entre hindúes y cristianos, quienes representan menos del tres por ciento de los 1.100 millones de indios, en un paÃs que oficialmente es laico.
Por el contrario, los misioneros tienen la reputación de dirigir algunas de las mejores escuelas de India.
No obstante, la intolerancia ha aumentado en las dos últimas décadas con la reaparición del nacionalismo hindú en India, y una nueva agenda por combatir las "religiones foráneas" que se dice socavan al hinduÃsmo.
Gracias a su poder polÃtico, los nacionalistas hindúes han hecho que las conversiones religiosas en varios estados de India estén prohibidas o sean extremadamente difÃciles. Orissa ha sido escenario de algunas de las peores manifestaciones de violencia contra los cristianos.
"Hay una atmósfera de temor," sostuvo Krishan Kumar, el principal administrador de Kandhamal, una tierra dominada por "Adivasis" o habitantes de los bosques tradicionalmente animistas, donde los proselitistas cristianos llegaron a caballo hace más de un siglo.
EL CUESTIONADO ROL ESTATAL
Los misioneros construyeron escuelas y hospitales, y su trabajo persuadió a muchos Adivasis y miembros de la etnia Panas, que pertenecen a una casta hindú inferior, a convertirse al cristianismo.
La región se transformó en un semillero de conflicto cuando grupos hindúes de lÃnea dura, que acusan a los misioneros de convertir a las personas bajo coacción o por medio de incentivos, llegaron hace medio siglo para contrarrestar una campaña de expansión evangélica .
Los actos de violencia de hace un par de semanas fueron en gran medida una severa reacción contra el asesinato de un proselitista hindú que dirigÃa una campaña local contra la conversión al cristianismo. Los rebeldes maoÃstas se adjudican el asesinato, pero los hindúes culparon a los cristianos.
El Papa Benedicto XVI ha condenado los últimos episodios de violencia y el Gobierno italiano manifestó a India que está "muy preocupado y sensible ante" los ataques contra cristianos.
Naciones Unidas ha advertido que India podrÃa enfrentarse a más violencia religiosa, debido a que los atrasos en procesos judiciales contra los responsables de los ataques promueven un clima de impunidad en el paÃs.
En Orissa, los grupos de derechos humanos nacionales e internacionales dicen que el Gobierno estatal fue un "espectador silencioso" de la violencia, y los residentes locales cristianos señalaron que con frecuencia la policÃa no los protegÃa.
"Cuando la pandilla llegó le pidió a la policÃa que pusiera las armas en el suelo," narró Phillomina Digal, quien vive junto a una estación de policÃa.
"Los policÃas se vieron superados en número y entraron en la estación. La pandilla prendió fuego a mi casa, quemó nuestro tractor y también otro vehÃculo del Gobierno. Luego todos ellos celebraron y se fueron," agregó.
La policÃa de Orissa sostiene que entraron en acción justo cuando estallaron los disturbios, pero que no pudieron acceder a muchas de las aldeas afectadas porque los atacantes habÃan bloqueado las carreteras con troncos de árboles y piedras.
La guerra por territorios religiosos es sólo una pequeña parte de un problema que también tiene aristas étnicas y polÃticas.
La rivalidad entre Adivasis y los Panas ha recrudecido con un concurso de cargos gubernamentales y beneficios reservados para los grupos menos privilegiados. Los hindúes han respaldado a los Adivasis contra los Panas mayormente cristianos, a fin de explotar ese resentimiento.
"Los Adivasis y los Panas siempre habÃan vivido en paz," dijo Brahmananda Behera, quien dirige el grupo Pana de Kandhamal.
"Ciertos grupos religiosos han actuado en la polÃtica y perturbado esa armonÃa," declaró.
Las polÃticas de conversión han intensificado la división, y podrÃan provocar más problemas en otras partes de India.
"Kandhamal es un laboratorio étnico y comunal," dijo un alto funcionario del Estado. "Cada bando está poniendo a prueba sus propias medidas," aseveró.
(Editado en español por Marion Giraldo)
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